Sinopsis: Durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), un grupo de prisioneros británicos son obligados por los japoneses a construir un puente. Los oficiales, capitaneados por su flemático coronel, se opondrán a toda orden que viole la Convención de Ginebra sobre los derechos y las condiciones de vida de los prisioneros de guerra.Título original: The Bridge on the River Kwai
Año: 1957
Duración: 161 min.
País: Reino Unido
Director: David Lean
Guión: Michael Wilson & Carl Foreman (Novela: Pierre Boulle)
Música: Malcolm Arnold
Fotografía: Jack Hildyard
Reparto: William Holden, Alec Guinness, Jack Hawkins, James Donald, Sessue Hayakawa, André Morell, Geoffrey Horne, Peter Williams, John Boxer, Percy Herbert, Harold Goodwin, Ann Sears, Heichiro Okawa
Productora: Columbia Pictures
Género: Bélico. Aventuras | II Guerra Mundial. Drama carcelario
Comentario: Los detractores de “El puente sobre el río Kwai” suelen expresar su enorme e injustificada desconsideración hacia esta grandísima peli reprochándole, fundamentalmente, dos aspectos: su desmesurado chauvinismo y su impúdico desdén hacia el pueblo nipón. Pues bien, como no podía ser de otra manera, intentaré centrar mi comentario en rebatir esos endebles y ridículos argumentos. Con uñas y dientes si es necesario. Que nadie se extrañe, pues, si esta vez renuncio a proclamar las innumerables virtudes que atesora esta peli y me limito a refutar esos presuntos y muy discutibles puntos flacos. Hoy toca defender a Lean y no habrá tiempo para florituras. Disculpadme: voy a por el mono de trabajo y vuelvo en un periquete.
Como iba diciendo, el hipotético talón de Aquiles de esta peli residiría -según sus viles y arteros querellantes- en su exagerado patrioterismo. Un exagerado patrioterismo que, unido a ese figurado desprecio a la cultura e idiosincrasia nipona, convertiría la peli de Lean, a su vez, en un auténtico monumento a la arrogancia, a la intransigencia, al fanatismo, a la xenofobia y -por qué no decirlo- al imperialismo británico. Pues bien, ya me disculparéis porque, por muchas vueltas que le dé, no observo nada de eso en “El puente sobre el río Kwai”.
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